Abrir un pequeño taller o negocio: qué conviene revisar en la instalación eléctrica

Poner en marcha un pequeño taller, un almacén o cualquier negocio que utilice maquinaria implica ocuparse de muchos aspectos antes de abrir las puertas. Licencias, contratos, seguros, proveedores y adecuación del local suelen ocupar buena parte de la atención, pero existe otro elemento que no conviene dejar para el último momento: la instalación eléctrica.

No todos los locales han sido diseñados para soportar los mismos consumos. Una instalación que durante años ha alimentado iluminación y algunos ordenadores puede no ser adecuada si el nuevo negocio incorpora compresores, bombas, sistemas de extracción, climatización o maquinaria eléctrica.

Revisar previamente la instalación ayuda a detectar posibles limitaciones y a evitar problemas cuando la actividad ya está funcionando.

No basta con comprobar que haya enchufes suficientes

Cuando se visita un local es relativamente fácil fijarse en el número de enchufes, la iluminación o la ubicación del cuadro eléctrico. Sin embargo, estos elementos visibles cuentan solo una parte de la historia.

También es necesario conocer la potencia que necesitarán los equipos, cómo están distribuidos los circuitos, qué protecciones existen y si el cableado está dimensionado para las cargas previstas.

Dos negocios instalados en espacios similares pueden tener necesidades eléctricas completamente distintas.

Una oficina con varios ordenadores e iluminación LED, por ejemplo, tendrá unas exigencias diferentes a las de un pequeño taller con motores eléctricos, herramientas de potencia y un compresor funcionando varias horas al día.

Por eso resulta recomendable analizar la instalación teniendo en cuenta el uso real que tendrá el local.

Hacer inventario de los equipos antes de dimensionar la instalación

Una buena forma de empezar consiste en elaborar una lista de los principales equipos que se utilizarán.

Conviene identificar su potencia, tensión de funcionamiento y, siempre que sea posible, consultar la información técnica proporcionada por el fabricante.

También hay que valorar qué dispositivos funcionarán simultáneamente.

No es lo mismo disponer de cuatro máquinas que se utilizan de forma puntual que tenerlas trabajando todas a la vez durante buena parte de la jornada.

Este análisis permite estimar mejor las necesidades del negocio y facilita que un instalador pueda comprobar si la infraestructura existente es adecuada o necesita alguna adaptación.

Los motores eléctricos requieren una atención especial

Muchos equipos profesionales incorporan motores eléctricos aunque el usuario apenas sea consciente de ello.

Los encontramos en bombas, compresores, sistemas de extracción de aire, ventiladores, puertas automáticas, cintas transportadoras y numerosas máquinas empleadas en talleres y pequeñas industrias.

Estos motores presentan unas particularidades que deben tenerse en cuenta al diseñar sus circuitos.

Durante el arranque pueden consumir durante un breve periodo una corriente superior a la habitual. Además, determinadas anomalías mecánicas pueden hacer que el motor trabaje con un esfuerzo excesivo y aumente su consumo durante más tiempo del previsto.

Por este motivo, la instalación debe disponer de las protecciones adecuadas.

¿Qué ocurre si un motor trabaja sobrecargado?

Imaginemos el motor de un sistema de extracción que funciona diariamente durante varias horas.

En condiciones normales gira con libertad y consume una corriente dentro de los parámetros previstos por el fabricante.

Sin embargo, una avería mecánica, un atasco o un deterioro de alguno de sus componentes puede obligarle a realizar un esfuerzo mayor.

El motor puede seguir funcionando aparentemente con normalidad, pero el incremento sostenido de corriente genera calor. Si esta situación se prolonga, puede terminar deteriorando el aislamiento y otros componentes internos.

Por eso existen dispositivos diseñados para detectar este tipo de situaciones y provocar la desconexión antes de que el problema tenga consecuencias mayores.

Uno de ellos es el relé térmico, utilizado habitualmente en circuitos de motores para ayudar a protegerlos frente a sobrecargas prolongadas. Su selección y ajuste deben realizarse teniendo en cuenta características como la intensidad nominal del motor y las condiciones de funcionamiento de la instalación.

Protección y maniobra son conceptos diferentes

Cuando se empieza a trabajar con maquinaria eléctrica es habitual pensar que todos los componentes del cuadro realizan funciones similares.

En realidad, cada dispositivo tiene una finalidad concreta.

Un interruptor magnetotérmico puede actuar frente a determinadas sobreintensidades y cortocircuitos. Un contactor puede utilizarse para conectar o desconectar eléctricamente una carga. Por su parte, otros dispositivos se encargan específicamente de detectar ciertas condiciones de funcionamiento anómalas.

En muchos circuitos de motores, estos elementos trabajan de manera coordinada.

El objetivo no es llenar el cuadro de componentes, sino conseguir que cada uno cumpla una función necesaria dentro del sistema.

También hay que pensar en la potencia disponible

Otra cuestión importante al acondicionar un local es comprobar si la potencia disponible se corresponde con las necesidades de la actividad.

Si la nueva maquinaria requiere mucha más potencia de la utilizada anteriormente, puede ser necesario estudiar cambios en la instalación o en las condiciones del suministro.

Sin embargo, aumentar la potencia contratada no soluciona por sí solo cualquier problema.

El cableado, los cuadros, los circuitos y las protecciones deben seguir siendo adecuados para las cargas conectadas.

Por este motivo, es preferible analizar el conjunto de la instalación en lugar de limitarse a solicitar más potencia cuando comienzan a aparecer desconexiones.

Atención a los equipos que funcionan muchas horas

La potencia máxima no es el único factor que importa.

También hay equipos que permanecen conectados durante buena parte de la jornada: sistemas de ventilación, cámaras frigoríficas, bombas, maquinaria de producción o climatización, entre otros.

Un consumo continuado puede poner de manifiesto deficiencias que no aparecen cuando una máquina funciona únicamente durante unos minutos.

El estado de las conexiones, la ventilación de los cuadros o el correcto dimensionamiento de los conductores adquieren entonces mayor importancia.

Un mantenimiento periódico permite detectar señales de deterioro antes de que terminen provocando paradas inesperadas.

Una avería eléctrica también es un problema para el negocio

Cuando una máquina deja de funcionar, el coste no siempre se limita a reparar el componente averiado.

También puede detenerse parte de la actividad.

En un taller, una máquina fuera de servicio puede retrasar trabajos pendientes. En un comercio alimentario, una incidencia en determinados equipos de refrigeración puede afectar al producto almacenado. En un almacén, una avería en una puerta automática o en un sistema de ventilación puede dificultar las operaciones.

Por eso, revisar las instalaciones eléctricas debe entenderse también como una medida de continuidad del negocio.

Prevenir no significa garantizar que nunca aparecerá una avería, pero sí reducir el riesgo de que un problema pequeño termine provocando consecuencias mucho mayores.

Un local antiguo merece una revisión más detenida

La antigüedad del inmueble también debe tenerse en cuenta.

Un local puede haber cambiado de actividad varias veces a lo largo de los años. Cada propietario puede haber añadido circuitos, maquinaria o modificaciones sin que necesariamente se haya realizado una renovación completa.

Antes de instalar nuevos equipos resulta recomendable conocer el estado real de la instalación.

No basta con que las máquinas puedan encenderse durante una prueba inicial. Hay que comprobar que la infraestructura pueda soportar el funcionamiento habitual previsto y que las protecciones correspondan a los circuitos y equipos existentes.

Esto resulta especialmente importante cuando se adquiere o alquila un espacio que anteriormente tenía una actividad muy distinta.

Automatización y eficiencia también pueden reducir consumos

Revisar una instalación no tiene por qué limitarse a cuestiones de seguridad.

También puede ser una oportunidad para analizar cómo se utilizan los equipos.

Temporizadores, sensores, sistemas de control y una correcta automatización pueden evitar que determinados dispositivos permanezcan funcionando innecesariamente.

Por ejemplo, un sistema de extracción puede adaptarse a horarios concretos, la iluminación puede sectorizarse y algunos equipos auxiliares pueden desconectarse automáticamente cuando dejan de ser necesarios.

Estas mejoras no sustituyen a una instalación correctamente dimensionada, pero pueden contribuir a reducir el consumo y simplificar el funcionamiento cotidiano.

Qué conviene preparar antes de hablar con un instalador

Cuanta más información exista sobre el uso futuro del local, más sencillo será estudiar sus necesidades eléctricas.

Resulta útil disponer de un listado de maquinaria, fotografías de las placas de características, información sobre los horarios de funcionamiento y una estimación de qué equipos trabajarán simultáneamente.

También conviene explicar si se prevén futuras ampliaciones.

Quizá al comienzo solo se instale una máquina, pero el negocio tenga previsto incorporar otras dentro de un año. Tenerlo en cuenta desde el principio puede evitar modificaciones innecesarias posteriormente.

Las decisiones sobre el interior de los cuadros, el dimensionamiento de conductores y la selección o modificación de protecciones deben quedar en manos de profesionales cualificados.

Preparar el local pensando más allá del día de apertura

Cuando se pone en marcha un negocio, es fácil centrarse en aquello que el cliente verá: mobiliario, escaparate, maquinaria o decoración.

Sin embargo, buena parte del funcionamiento diario depende de infraestructuras que permanecen ocultas.

La instalación eléctrica es una de ellas.

Dimensionarla teniendo en cuenta los equipos reales, proteger adecuadamente las cargas y anticipar futuras necesidades puede evitar problemas una vez iniciada la actividad.

Especialmente cuando existen motores y maquinaria, entender qué consume cada equipo y qué protecciones necesita permite construir una instalación más preparada para el trabajo diario. Y, en un negocio, conseguir que las máquinas funcionen cuando tienen que hacerlo es tan importante como disponer de ellas.

 

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